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La Paradoja

Enviado por Milán el 16/06/2008 a las 12:38 AM

 

Si yo hablara todas las lenguas de los hombres y de los ángeles, y me faltara el amor, no seria más que bronce que resuena y  campana que toca. Si yo tuviera el don de la profecía, conociendo las cosas secretas con toda clase de conocimientos, y tuviera tanta Fe como para trasladar los montes, pero me faltara el amor, nada soy. Si reparto todo lo que poseo a los pobres y si entrego hasta mi propio cuerpo, pero no por amor, sino para recibir alabanzas, de nada me sirve.

 

El amor es paciente, servicial y sin envidia. No quiere aparentar ni se hace el importante. No actúa con bajeza, ni busca su propio interés. El amor no se deja llevar por la ira, sino que olvida las ofensas y perdona. Nunca se alegra de algo injusto y siempre le agrada la verdad. El amor disculpa todo; todo  lo cree, todo lo espera y todo lo soporta.

 

El amor nunca pasará. Pasarán las profecías, callarán las lenguas y se perderá el conocimiento. Porque el conocimiento, igual que las profecías, no son cosas acabadas. Y, cuando llegue lo perfecto, lo imperfecto desaparecerá. Cuando yo era niño, hablaba como niño; pero, cuando ya fui hombre, dejé atrás las cosas del niño.

 

Del mismo modo, al presente, vemos como en un mal espejo y en forma confusa, pero entonces será cara a cara. Ahora solamente conozco en parte, pero entonces le conoceré a él como él me conoce a mí. Ahora tenemos la fe, la esperanza y el amor, los tres. Pero el mayor  de los tres es el amor.

 

                                                            Nada más perfecto que el amor’

                                                                                              1º Carta de Corintios, capítulo 13

 

 

Vivimos en un mundo ininteligible, donde los razonamientos y las verdades se han vuelto cada vez más taxonómicas, donde los procesos se vuelven cada vez más intrincados y secuenciados, donde cada uno forma parte de un sistema con un orden y una monotonía esclavizante. En la vida, el status social se mide entonces, en términos del conocimiento demostrado, mientras  más complicados seamos, nos convertimos en un producto atractivo  para la masa, olvidándonos que en la simpleza radica la complejidad, y que las respuestas  a nuestras interrogantes las obtenemos  de lo más básico y  primordial.

 

Las verdades se encuentran en lo interior de nuestro ser, están determinadas  por  elementos  que no son medibles por instrumentos convencionales, apreciaciones inmensurables en un mundo que todo lo gráfica en torno a  cifras, y es recién ahora, que comenzamos a otorgarle a los sentimientos y las interacciones humanas un sitial de importancia como motores de la sociedad.

 

No podemos evitar ser seres sociales, intentamos exacerbar nuestras aptitudes incrementando la  brecha de nuestras debilidades y defectos, queremos demostrarle al mundo nuestra independencia del mismo, realizando acciones que pongan de manifiesto esta premisa:  El hombre es un ser autónomo y solitario, y  a pesar de  lo logrado, a pesar del mérito demostrado,  la verdad irrefutable nos pega de inmediato: Necesitamos de nuestros pares para lograr ser mejores personas, necesitamos de un entorno dispuesto y pendiente de nuestro  actuar, necesitamos....  aprobación.

 

Dentro de este devenir de  rechazo y  aquiescencia, nos desenvolvemos en un sistema que requiere de una determinada organización, ésta se fundamenta principalmente en que cada individuo inmerso en ella, imperiosamente debe asumir un rol, “su papel dentro de este montaje”, y asimismo cual jefe de manada, debe existir un motivador de carne y hueso que impulse a quienes lo rodean; tenemos entonces el nacimiento de un líder. 

 

 No existe un parlante celestial que determine de la nada sobre quien recaerá dicho rol, la elección de este líder  dependerá de una amplia gama de factores,  siendo los más importantes los   que sólo a través de situaciones y actitudes podemos advertir. El liderazgo se eleva entonces como una doctrina, como “El arte de influir sobre la gente para que trabaje con entusiasmo en la consecución de objetivos en pro del bien común”. 

 

Un factor de real importancia dentro del perfil que imperiosamente requiere el liderazgo es la capacidad de desprendimiento, casi condicionado, total o parcialmente, del factor emocional desde el prisma de evitar la desviación de la mirada con respecto a los objetivos centrales y remitirse a las necesidades que poseen los subalternos. Todo esto conducente a tratar de sobrellevar del mejor modo posible las emociones al punto de canalizarlas tan bien que no estén ligadas a los sentimientos sino al comportamiento propiamente tal, lo cual no implica que el líder este dejando de lado el factor persona que es el motor de la organización, sino a fin de evitar en la medida de lo posible, desviaciones de diversa índole.

 

Toda esta manifestación del comportamiento requiere asimismo un toque de inteligencia emocional ya que para ser objetivo humanamente, es preciso reconocer  que por naturaleza siempre tendemos a algo, tendencia a opiniones, tendencia a creencias, tendencia... a personas. Y con el fin de despejar cualquier tipo de injusticia, es necesario anteponer las normas de un comportamiento adecuado que puede resultar mucho más equitativo que anteponer la vía emocional que, sin duda, es mucho más subjetiva.

 

Sin embargo, en todos los proyectos ya sea macro o muy personales que nos planteamos en esta vida, individual o comunitariamente, jamás debemos olvidar que  la única vía que nos asegura un buen camino es ejecutar nuestros actos con amor.

 

¿Amor?... ¿Podemos a esta altura del camino darle una connotación menos plástica a lo que esta palabra encierra?, ¿Podemos reconocer que las mayores satisfacciones devienen de  la entrega personal, del servicio y el sacrificio?. Al  parecer, la concepción infantil de que por cada buen acto se obtiene una recompensa, es la única idea que prevalece en nuestro subconsciente  a pesar del paso de los años. Es irónico entender que lo que nos mueve es esta sencilla palabra, que nuestro comportamiento y las elecciones tomadas  tienen como principio y fin el mismo; y el líder, frente a esta sensación instintiva, la materializa a través de la ayuda en la búsqueda del éxito de aquellos a los que dirige.  De hecho,  esta forma de  apoyo es una de las premisas de su tarea,  y es a la vez una de las formas primordiales de servicio fundadas en el amor. Sus diversas formas de manifestación, representan la llave de la consolidación del líder como tal. El lograr hacer crecer estas cualidades y plasmarlas en el quehacer diario, teniendo en cuenta que quizás es más importante ser consecuente con su anhelo de superación, que el hecho de creer que se tiene y  abandonar la búsqueda, porque simplemente el “Esfuerzo por algo da una misión en la vida”.

 

Como seres humanos manifestamos nuestro interés por las relaciones humanas, identificando a cada persona como un portador de un punto de vista distinto determinado por su carácter.            La emisión de un juicio individual se basa en la recepción y procesamiento de la   información de la que el líder les es participe, lo cuál  permitirá construir la visión global tan necesaria para lograr un bien común. El poder de la información es difícilmente cuantificable, así como es de real complejidad definir los parámetros, debido a que el flujo de la misma muta segundo a segundo, y es labor primordial de los individuos que componen esta sociedad cada vez mas global, ser los captadores lo mas eficiente posibles de esta información, para así modelar opiniones y no solo como un fenómeno pasivo de almacenamiento, sino que también con una actitud de generosidad destinada a compartirla a todos los individuos que sea pertinente la posean.

 

 

 

No fueron mis manos las que me sacaron del vientre de mi madre.......... tener claro con una postura de honesta de humildad en función de reconocer que cualquier producto es fruto de un trabajo en equipo y que inefablemente independiente del rol de cada individuo es una cadena y cualquier alteración a los factores que la componen obviamente dañaran el equilibrio de dicho sistema.

 

 







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